Microbioma, intestino, salud mental y Ayahuasca

La experta en neurociencia y quimica Caitlin Thompson, de 28 años, es una de las muchas personas que hicieron su primera ceremonia de ayahuasca no con fines medicinales, sino como una experiencia espiritual. «Cuando tomé ayahuasca por primera vez, no sabía que estaba enferma», recuerda. «Pensé que era normal dormir 13 horas al día». Después de su encuentro, muchos de sus síntomas se desvanecieron y se dio cuenta de lo enferma que había estado. Posteriormente fue diagnosticada con enfermedad de Lyme, trastorno de estrés postraumático y otras enfermedades crónicas, las cuales siguió tratándose con kambó, dieta y sustancias psicodélicas.

Thompson es una, de los muchos «buscadores espirituales» cuyos síntomas médicos mejoran después de una ceremonia de ayahuasca. En ese sentido, Thompson es un ejemplo de por qué muchas personas de entre 20 y 30 años prueban ayahuasca. Brad Adams, un investigador en UCLA, cita una investigación que descubre que la mayoría de las personas no buscan ayahuasca para una dolencia específica, sino que quieren experimentar el sentimiento transformador que la sustancia proporciona a muchas personas.
Sin embargo, lo que hace a Thompson diferente es su conocimiento y experiencia en neurociencia y química. La forma en que la ayahuasca parecía mejorar su bienestar la hizo sentir curiosidad. Después de investigar, descubrió que una de las muchas cosas que la ayahuasca podría haber afectado positivamente fue a su microbioma. Thompson podría haber encontrado algo: Investigaciones recientes y algunos investigadores líderes en el campo sugieren que los psicodélicos pueden afectar su mente y su cuerpo al cambiar su intestino.

Microbioma es el término que los científicos usan para referirse a la colección de bacterias, hongos, arqueas, virus y parásitos que colonizan nuestro cuerpo. Tenemos colonias microbianas en todas partes: nuestra piel, nuestro intestino e incluso en nuestro cerebro. El microbioma intestinal, en particular, ha recibido mucha atención debido a la función clave que algunos investigadores creen que podría desempeñar en una serie de trastornos difíciles de tratar. Nuestras bacterias intestinales pueden estar fuera de control —un estado técnicamente conocido como disbiosis— que se ha asociado con varias afecciones, que incluyen trastornos gastrointestinales como el síndrome del intestino irritable-SII y trastornos psiquiátricos como el autismo, la ansiedad y la depresión.

«El microbioma intestinal tiene algo que ver con todo», dice Jane Foster, investigadora de microbioma y directora del laboratorio Foster en la Universidad McMaster en Hamilton, Ontario. En su laboratorio, ella y otros investigadores están estudiando el vínculo del microbioma con el cerebro, una conexión que los investigadores llaman el eje del intestino-cerebro. El eje del intestino-cerebro se refiere a las vías hormonal, neurológica y endocrina que unen el cerebro y el intestino, un sistema en el que, según explica Foster, todos los sistemas de nuestro cuerpo interactúan.

Existe una gran superposición entre la enfermedad causada por la disbiosis intestinal y las enfermedades para las que los psicodélicos parecen prometedores como tratamiento. Algunos investigadores, incluida Thompson, que comenzó su propia compañía de probióticos llamada EthneoZen para ayudar a las personas a tratar la disbiosis, sospechan que los psicodélicos podrían curar las afecciones tanto psiquiátricas como gastrointestinales atendiendo la disbiosis. «Si los psicodélicos están teniendo un impacto en bacterias buenas o malas [en el intestino] —dice Foster— entonces ese impacto, ya sea cambiando la cantidad o cambiando la función de esas bacterias, podría tener un resultado positivo sobre la ansiedad, la depresión o los trastornos gastrointestinales».

La idea de que puedes cambiar tus microbios intestinales no es nueva. Foster dice que la comida que consumes, los medicamentos que tomas, incluso algo como usar un vaporizador, pueden afectar tu microbioma, para bien o para mal. Los antibióticos matan a los microbios sistémicamente, incluidos los que están en nuestro intestino, lo que altera nuestro microbioma. Si bien todo puede afectar nuestro microbioma con el tiempo, los compuestos antimicóticos, antibióticos, antiparasitarios y antivirales tienden a tener un efecto más drástico a corto plazo. Ya en la década de 1980, la investigación indicó que la ayahuasca era antiparasitaria, y ahora los investigadores están descubriendo que también contiene compuestos que muestran actividad antibacteriana y antifúngica, lo que significa que la bebida casi con certeza afecta a las bacterias buenas y malas en el intestino. El estudio de Adams (y algunos otros estudios a corto plazo) muestran que los psicodélicos tienden a ayudar en los trastornos psicológicos al tener un efecto positivo sobre las bacterias intestinales, más que cualquier otro tratamiento disponible, lo que indica que es poco probable que empeoren los cambios si estamos viendo que hay efectos positivos aguas abajo.

Algo llamado ‘síndrome del intestino escurridizo (perezoso)’ puede permitir que los mensajeros químicos llamados citoquinas inflamatorias (que señalan una respuesta inflamatoria) salgan del intestino y circulen a través de tu sistema, hasta llegar a tu cerebro. Una vez en el cerebro, estas moléculas pueden estimular una vía neural llamada ‘eje hipotalámico-hipofisario’, cuya activación continua puede causar problemas a lo largo del tiempo, dice Sarah Wakefield, psiquiatra de niños y adolescentes de la Texas Tech University en Lubbock. Sarah dice: «[El eje hipotalámico-hipofisario] es realmente nuestro eje de liberación de estrés que se activa para decirle a nuestro cuerpo que es hora de estar estresado».

La activación del eje hipotalámico-hipofisario puede ser algo bueno, dice Wakefield, de la misma manera que nuestro sistema inmune puede ser bueno hasta que se vuelve pícaro y comienza a atacar a nuestro propio cuerpo en lugar de a los invasores. «Las citoquinas inflamatorias pueden inducir a que el eje hipotalámico-hipofisario funcione cuando no es útil que lo haga, lo que puede conducir a la ansiedad y la depresión», agrega. Sin embargo, ella señala que el eje del intestino es una «calle de dos vías», y que la depresión y la ansiedad también pueden crear una respuesta al estrés que puede producir disbiosis. Además de interrumpir un estado insalubre en el intestino, la ayahuasca podría ayudar aún más a recomponer el desequilibrio del microbioma mediante la mejora de los patrones neurológicos subyacentes a la ansiedad, la depresión y el trauma que perpetúan la disbiosis.

Las investigaciones preliminares también sugieren que los psicodélicos, incluida la ayahuasca, podrían mejorar los síntomas de ansiedad y depresión al reducir en primer lugar la producción de citocinas inflamatorias, reduciendo el estrés, la depresión, la ansiedad y la disbiosis de raíz. Los psicodélicos actúan sobre los receptores de serotonina, que se distribuyen por todo el cuerpo pero se concentran en el intestino, me dice Foster. La señalización de la serotonina influye en la actividad del sistema inmunológico, un sistema que, casualmente, también se aloja en el intestino. (También se ha demostrado que la ayahuasca tiene impacto en la inmunidad a través de un tipo diferente de receptores llamados sigma-1, que también desempeñan un papel en la neurodegeneración). En cualquier caso, es posible que los psicodélicos como la ayahuasca ayuden a las personas a controlar los síntomas de la enfermedad tratando la disbiosis y ajustando la inmunidad a través de su impacto en el intestino.

Si bien la ‘terapia psicodélica’ sigue siendo controvertida, los investigadores coinciden en que la alteración de la composición del microbioma podría ser importante en el tratamiento de enfermedades derivadas de la disbiosis. «No me cabe duda de que estos medicamentos vayan a tener una acción sobre la bacteria», dice Foster, y señala que también podría ayudar a las personas a tratar afecciones psicológicas a través de otros sistemas. Thompson subraya que la inmensa promesa que los psicodélicos evocan significa que hay una necesidad aún mayor de investigar sobre el vínculo directo entre los psicodélicos y el microbioma.

Las preguntas generales —qué efecto puede causar la acción y para quién pueden ser útiles los psicodélicos, dadas las diferencias individuales en genética, colonias microbianas, medioambiente y acceso a esos tratamientos— así como la legalidad que rodea a los tratamientos psicodélicos, se mantienen. Una cosa es cierta, sin embargo: a través de su impacto en el microbioma, los psicodélicos tienen el potencial de ayudar a tratar varias enfermedades que están alcanzando proporciones epidémicas.

Por: Mackenzie Erlank

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