Las influencias del chamanismo mexicano en la psicología transpersonal; La aportación del doctor Salvador Roquet

La psicología transpersonal aparece a finales de los años 60 del siglo XX, como respuesta a una serie de inquietudes surgidas en el mundo de la psicología, a partir del incremento en occidente del interés en los estados modificados de conciencia y la experiencia espiritual. Así pues la psicología transpersonal emerge como una ampliación de la psicología humanista, que incluye en su visión, los estados extáticos y las experiencias místicas o religiosas. 

Artículo publicado en revista Ulises

Varios factores históricos confluyeron en el aumento del interés general por una serie de temas que hasta entonces habían permanecido como patrimonio de unos pocos especialistas universitarios. Es difícil determinar cuáles fueron las causa y cuáles los efectos que provocaron el momento de cambio y de apertura que fueron los años 60. Los precedentes de esta confluencia podríamos fijarlos por ejemplo en William James, tratando de comer un botón del cactus mexicano que acabaría llevando su nombre (Lophophora williamsii), y teorizar sobre la experiencia religiosa.

En este intento (infructuoso, por cierto) se dan las condiciones paradigmáticas del desarrollo de las investigaciones que llevaron a la aparición de lo que hoy llamamos marco transpersonal.

México está situado en el cono sur de norte América, a diferencia de sus dos vecinos del norte, Canadá y Estados Unidos, es un país con un claro subdesarrollo económico, político y social, y aún era más grande la diferencia en las décadas de 1950/60. En ciertas zonas de México aún hoy en día se pueden encontrar etnias enteras con Modus Vivendi que han variado muy poco desde el neolítico, tanto en sus creencias, como en sus condiciones de vida. Para los investigadores norte americanos y canadienses el país vecino era y es una fuente inagotable de investigación, étnica, antropológica, botánica y arqueológica justo al lado de casa. En 1938 el pionero de la etno-botánica Richard Evans Schultes cruza la frontera a la búsqueda del teonanacatl, el hongo sagrado, y viaja hasta Huautla de Jiménez una pequeña población situada en el estado de Oaxaca de México, donde identifica la especie Psilocybe y un año más tarde regresa y identifica el ololiuqui, semillas de la virgen como otra de las plantas sagradas empleadas en ceremonias de curación chamánica.

Una década y media más tarde buscando los “hongos mágicos”, el banquero Gordon Wasson y su mujer Valentina Pavlovna, viajan de nuevo a Huautla siguiendo los pasos de Schultes y conocen a la famosa chaman María Sabina. En 1955 son los primeros “blancos” a los que se les permite asistir a una ceremonia de sanación con ingesta de hongos. Este hecho desencadenaría un interés inusitado por la cultura indígena mexicana, y por el poder curativo y visionario de las plantas sagradas, debido a la publicidad que hizo Gordon Wasson con sus artículos y libros. Desde ese momento México se convirtió en el centro principal de la investigación de las plantas sagradas y el chamanismo. Michael Harner, Joan Halifax o Ángeles Arrien hicieron estudios de las etnias y del chamanismo mexicano.

Paralelamente desde 1943, se fue desarrollando la terapia con sustancias como el LSD, la mescalina o la psilocibina. Primero en Europa y rápidamente en todo el mundo se experimentó con las drogas, primero llamadas psicolíticas (disgregantes del Ego) y más tarde psicodélicas (ampliadoras de la mente). Stanislav Grof fue uno de los pioneros en la investigación de la terapia psicolítica en Praga, para más tarde continuar su investigación en Estados Unidos ya en terapia psicodélica. El año 1967 junto con Maslow, Vich, Sutich, Fadiman y Margulies funda la psicología transpersonal en California. La experimentación psicodélica influyó profundamente en la aparición de esta nueva visión del ser humano y de la psicología.

En la psicología transpersonal confluyeron el interés por el conocimiento sobre el manejo de los estados modificados de conciencia que los chamanes poseían, y que podía ser de gran utilidad para este nuevo grupo de “sanadores”, y el interés sobre las plantas y hongos utilizados tradicionalmente en curaciones rituales. Actualmente las técnicas chamánicas como el tambor, o las visualizaciones intencionadas son herramientas ampliamente utilizadas por muchos terapeutas transpersonales. Pese a ese interés que ha generado excelentes trabajos, el chamanismo continua siendo un gran misterio debido en gran parte por la dificultad de comprender por parte de la mente occidental, racionalista y cartesiana, la cosmovisión poli-nivelada de los pueblos de tradición chamánica.

El chamanismo representa una cosmovisión más o menos compartida de una infinidad de creencias, que coinciden en la existencia de unas realidades superior a la realidad cotidiana, donde habitan seres que influyen y rigen sobre diferentes aspectos de esta cotidianeidad, los chamanes son los especialistas de la comunidad que pueden comunicarse, mediante el acceso a los estados modificados de conciencia, con esa realidad superior, y regresar con información que permitirá, encontrar y mantener el equilibrio del grupo con el todo. El chamán es una autoridad dentro de su comunidad, apreciados por su sabiduría, ejercen de médicos, concejales del ayuntamiento, oficiantes y psicólogos. Cada etnia o cultura con tradición chamánica posee una mitología y una explicación de la realidad diferente, con explicaciones múltiples sobre el origen de las enfermedades y su tratamiento. A menudo entre poblaciones de una misma etnia cultural los chamanes utilizan diferentes explicaciones y tratamientos para una misma enfermedad, o para relatar sus mitologías aparentemente comunes. Así pues la comprensión o el estudio sobre las técnicas y sus porqués resultan prácticamente imposibles.

Una excepción importante en cuanto a comprensión, aplicación y estudio de esas técnicas, fue el Doctor Salvador Roquet, psiquiatra Mexicano que logró una comunicación mantenida con chamanes de las tribus Mixes, Tarahumaras, Huicholes y Mazatecos, en una relación de colaboración y cooperación, no solo a nivel terapéutico, si no también sanitario, educativo y social.

Salvador Roquet desarrolló un proceso de intercambio con los chamanes indígenas, que condujo a la creación de un sistema terapéutico y filosófico. Donde existía un proceso intercultural, no de imitación o reproducción de técnicas si no de autentica colaboración. Este proceso se debió a las especiales circunstancias que rodearon la vida del doctor Roquet.

Nacido en 1920, se licenció en medicina, y ejerció como epidemiólogo, con importantes cargos llegando a trabajar para la OMS. Más tarde se licencio como cirujano pulmonar y ejerció de neumólogo. Todos los destinos y cargos que ostentó le permitieron conocer y tratar con las capas más humildes de la sociedad y, ganar una sensibilidad social y un respeto por los indígenas y por sus tradiciones. En 1957 mientras estudiaba psiquiatría, participó en una investigación sobre los efectos de la mescalina. Esa experiencia le afecto profundamente teniendo que recibir atención con psicofármacos tras ella durante un año, y mostrándole las posibilidades terapéuticas de las sustancias psicodélicas.

Durante 1964 viajó por Europa conociendo a dos de sus referentes. Uno de ellos al que visitó en su escuela de Summerhill, Alexander S Neill compartió sus ideas de introducir el psicoanálisis en la educación de los padres y su escuela del amor. También conoció al doctor Robert S Hartmann, padre de la axiología, que se ofreció a participar con la aplicación de sus test de evaluación en el proyecto de una escuela de padres.

En 1967 el proyecto se había materializado en la escuela integral Álvarez, que consideraba al ser humano como una unidad bio-psico-social, ambiental y espiritual. Fue en ese año que Roquet pidió a Alfonso Caso, fundador y director del Instituto nacional indigenista, que le presentara la famosa chaman María Sabina con la intención estudiar el ritual de los “hongos mágicos” para su posible utilización en psicoterapia.

Ya desde su primer encuentro con la sacerdotisa y curandera, el doctor Roquet, hizo que varios pacientes en tratamiento le acompañaran a la sesión de hongos. Esa práctica de llevar a sus pacientes a veladas con los chamanes, permaneció en su trabajo hasta su muerte en 1995. Los cantos de la chamán le sugirieron que la manera de conducir a los pacientes a través de la locura era el manejo de la música y de las imágenes. A su regreso a México DF, ese mismo 1967 funda el instituto Robert S. Hartmann donde llevar a cabo sus sesiones con sustancias y la asociación civil Albert Schweitzer para financiar un hospital y una escuela integral en la sierra mazateca.

Junto a colaboradores como el doctor Pierre Favreau, el doctor Walter Houston Clark o Stanley Kripner, Roquet fue desarrollando una técnica de terapia con sustancias, que se diferenció de las dos escuelas existentes la psicodélica y la psicolítica. Esta técnica, a la que llamó de psicosíntesis pues surgía de la síntesis de varias metodologías de trabajo, incluía elementos de las dos escuelas y otros que habían descubierto de su colaboración con los sanadores indígenas.

El enfoque principal de la terapia de psicosíntesis de Roquet, era la sensibilización del paciente mediante un enfrentamiento directo con sus neurosis, permitiendo que el amor surgiera tras el contacto con la locura y con la experiencia mística. El descubrimiento de la ketamina y el aprendizaje de la utilización de la Datura, como medios para conducir a la disolución de las defensas egoicas, y la utilización de un elaborado programa de sesiones combinando los psicodélicos naturales, como las semillas de la virgen o el peyote con psicodélicos de laboratorio como el LSD o el MDMA, le permitían hacer atravesar a los sujetos las diferentes fases de la experiencia de curación con gran éxito. Las sesiones de psicosíntesis, que se llevaban a cabo en instituto Hartmann de México DF, seguían un elaborado protocolo donde se valoraba constantemente el momento del proceso terapéutico de cada paciente, utilizando los test de Hartmann. Se determinó la duración media de la terapia entre un año y medio, y dos años. En ese periodo se combinaban cíclicamente las sesiones de psicoterapia convencional, con sesiones con las diferentes sustancias y trabajos con chamanes en la sierra o el desierto.

El instituto Hartmann contaba con una sala especialmente habilitada para las sesiones con sustancias. La sala estaba diseñada para conseguir momentos de saturación cognitiva, y estaba equipada con varios equipos de reproducción musical, proyectores de cine, iluminación regulable de colores y grabadoras. Se organizaban sesiones de grupo de entre 15 y 35 hombres y mujeres, pertenecientes a todos los estratos sociales y culturales, con problemáticas variadas, en momentos diferentes del proceso de sanación, suministrándoles a cada uno la sustancia adecuada a su condición terapéutica.

Desde 1967 a 1974, se realizaron 720 sesiones de terapia de psicosíntesis, donde participaron 1700 pacientes. El índice de “curación” o mejora fue de un 85%.

El instituto Hartmann se cerró en 1974, tras la detención y el juicio de los doctores Favreau y Roquet. Aunque las acusaciones de tráfico de drogas y delitos contra la salud, fueron desestimadas, se prefirió cerrar el centro y no continuar con las sesiones con sustancias, de manera pública.

El doctor Salvador Roquet continuó trabajando en su teoría de la personalidad, y desarrolló terapias alternativas sin sustancias para conseguir los efectos de saturación cognitiva, locura, muerte y renacimiento como las “convivials” o la “terapia de la muerte”. Sin embargo hasta el final de su carrera en ámbitos privados continuó celebrando sesiones de psicosíntesis con sustancias, en México, Estados Unidos, Canadá y en varios países europeos como Francia o España. También continuó visitando a los chamanes en compañía de sus pacientes.

Aunque fue conferenciante invitado en el tercer congreso internacional transpersonal, donde sorprendió al propio Stanislav Grof con su trabajo y sus métodos, y participó en conferencias y encuentros del recién nacido “movimiento transpersonal”, Roquet nunca mantuvo relaciones estables y se mantuvo al margen de la corriente principal. Varios motivos parecen apuntar a ese distanciamiento, sobretodo la dificultad de comunicación, tanto por el hecho de no dominar el inglés como lengua, como por lo controvertido e innovador de sus métodos y planteamientos. En 1983 presentó en la 4ª conferencia internacional transpersonal, organizada por la ITA en Davos, Suiza, su primer y único libro “los alucinógenos: de la concepción indígena a una nueva psicoterapia”. El libro publicado en México en 1981, recopila toda su metodología de trabajo, estadísticas, filosofía y conclusiones, de los años de trabajo en el instituto Hartmann. Por desgracia, llegó en un momento en el que el “movimiento transpersonal” intentaba desvincularse de las terapias con sustancias psicodélicas debido a la prohibición vigente y a la mala prensa adquirida, y no sirvió como difusor de su innovadora visión de la terapia con psicodélicos.

Los trabajos del doctor Salvador Roquet y sus colaboradores, aunque cuentan con un pequeño número de discípulos inspirados por ellos (como la psicóloga Magda Soler entre otros), son aún hoy en día en gran parte desconocidos por la mayoría de los terapeutas transpersonales. Y existe un archivo de su material de trabajo compuesto por cientos de expedientes, test de personalidad, diapositivas, filmaciones y grabaciones de audio, sin estudiar, almacenado en México.

Creo que su experiencia en su relación con los chamanes de las tribus indígenas de México, fue única, y aportó datos y conocimientos aun no integrados en el mundo terapéutico transpersonal. Espero que mi humilde aportación permita algún paso hacia esa integración.

Jordi Àlvarez Carniago

Enlace al libro del Doctor Roquet “los alucinógenos: de la concepción indígena a una nueva psicoterapia

 

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