Las crisis espirituales son una oportunidad para mejorar

Las emergencias espirituales pueden definirse como fases críticas y difíciles de experiencia que impulsan al individuo a reconstruirse siguiendo un patrón interno y cada vez menos subjetivo o generalizable de comportamiento, emoción y pensamiento que involucra el Amor cada vez más cercano al verdadero y una conciencia cada vez más expandida, más holográfica y a merced del sujeto.

Artículo de la revista Vinculando

Estos episodios surgen normalmente tras las denominadas por Chistina y Stanislav Grof en su libro “La tormentosa búsqueda del ser”, crisis de emergencia espiritual, tomando la palabra crisis evidentemente como cambio o transformación. Es una complicación del proceso evolutivo que conduce a un modo de vida más pleno y maduro. Las enseñanzas místicas de todas las épocas han girado alrededor de la idea de que la búsqueda de metas y valores materiales no expresa en modo alguno la potencialidad plena de los seres humanos, aunque desde mi punto de vista, el éxito en ese y otros campos de la vida social sí pueden ser un indicativo de una mejor adecuación al medio si nos encontramos en la sociedad occidental consumista. El potencial humano es infinito e incluye la excelencia en todos los ámbitos de la vida, desde los socialmente aceptados y entendidos, compartidos por todos, hasta los que sobrepasan los límites de la realidad conocida. Existen muchos niveles de realidad, no sólo el material o físico, pero ese es uno de ellos y no debemos menospreciarlo ni minimizarlo. Constituye una parte del todo y nuestra compasión por el débil social, no debe en ningún caso hacernos odiar al exitoso. No es la única meta es una parte de todo lo demás, y la autorrealización plena implica el todo.

Cada uno de estos estados de emergencia espiritual provocan que una parte olvidada del funcionamiento cerebral se active, uno producido por el aprendizaje. Comienza a utilizarse más el lóbulo frontal derecho que es donde se encuentra el “dispositivo” del individuo hacia el aprendizaje, dejamos de reutilizar el hipotálamo con viejas estructuras mentales (somos menos vulnerables a las necesidades básicas de las que habla Maslow) y comenzamos a aprender. Comenzamos así a dejar atrás viejos patrones y creencias, valores antiguos, para renacer ante una nueva percepción de la vida menos limitada. Pasamos del modo supervivencia al modo aprendizaje. La raza humana expresamos el 1.5 por ciento de nuestro adn, y el 98% restante es lo que llamamos el ADN basura. Nuestro ADN es como una biblioteca de secuencias potenciales que nuestras células utilizan para la expresión proteínica. .

Podemos considerar la existencia de ADN con más hélices conectadas provinientes del ADN que no se utiliza. No existe nada en el organismo humano que no sea utilizado, por lo que se interpreta que si está ahí es por algo. Muchas teorías aseguran que la utilización de, en principio, partes del cerebro que no utilizamos porque tradicionalmente se han usado para una función determinada, podrían ampliar nuestras funciones básicas Por esto, capacidades que no conocemos y que no sabemos que existen pueden aparecer en nuevas generaciones por exigencias de la evolución. La sobresaturación actual de información precisa de la integración de millones de datos que colapsarían el sistema de no existir una modificación funcional. Muchas de las emergencias espirituales pueden ser experimentadas de manera abrupta por falta de conciencia de lo que ocurre o porque comienzan a activarse más hélices del ADN.

La luz proporcionada por la psicología profunda y las herencias espirituales antiguas proporcionan las bases para una nueva comprensión de algunos de los estados psicóticos para los que no se pueden encontrar ninguna causa biológica. Los desafíos de la psiquiatría moderna, presentados por estas escuelas de conocimiento nos muestran las raíces de la idea de la emergencia espiritual.

El ideograma chino de crisis representa perfectamente la idea de emergencia espiritual. Está compuesto de dos signos básicos o de dos raíces: uno de ellos significa “peligro” y el otro “oportunidad”. Así, aunque atravesar un estado de crisis suele ser difícil y producir temor también conlleva un potencial enormemente evolutivo y curativo. Si se comprenden adecuadamente y se tratan como etapas difíciles en un proceso de desarrollo natural, las emergencias espirituales pueden producir la curación espontánea de desórdenes emocionales y psicosomáticos diversos, cambios positivos en la personalidad, soluciones importantes a problemas de la vida, y una evolución hacia lo que algunos llaman “la conciencia superior”. Stanislav y Christina Grof, también establecen unos detonadores de las crisis espirituales. En algunos casos, es posible identificar la situación que parece haber provocado la emergencia espiritual. Puede ser un factor principalmente físico, como una enfermedad, un accidente o una operación.

En otras ocasiones, un esfuerzo físico agotador o una prolongada falta de sueño puede ser el detonador inmediato. En las mujeres, puede ser el parto, un parto malogrado o un aborto; también se ha comprobado que el comienzo del proceso coincidió con una experiencia sexual excepcionalmente intensa.

Ocasionalmente, el inicio de una emergencia espiritual puede ser el resultado de una fuerte experiencia emocional. Puede tratarse de la pérdida de un ser querido, el fin de una relación amorosa o un divorcio. Igualmente situaciones consideradas como fracaso, como el ser despedido de un trabajo o la pérdida de una propiedad pueden preceder el desencadenamiento de una crisis evolutiva. En personas predispuestas, la“última gota” puede ser una experiencia con drogas psicodélicas o una sesión de psicoterapia existencial.

Sin embargo, uno de los catalizadores más importantes de la emergencia espiritual parece ser la implicación profunda de algunos métodos de meditación y de las prácticas espirituales. Repetidamente nos encontramos con personas cuyas experiencias extraordinarias ocurrieron durante la práctica del Zen, la meditación budista Vipassana, del Kundalini yoga, de ejercicios sufíes, de la oración cristiana y la contemplación monástica. A medida que las diversas disciplinas espirituales orientales y occidentales ganan popularidad a ritmo acelerado, cada vez más personas experimentan crisis transpersonales; ésta es una razón más para que la comprensión y el tratamiento adecuado a las emergencias espirituales sea un asunto de importancia creciente.

El espectro existencial de las emergencias espirituales es extremadamente rico: abarca emociones intensas, visiones y otros cambios de percepción, procesos no habituales de pensamiento, junto con síntomas diversos que incluyen desde temblores hasta sentimientos de ahogo. El contenido de estas experiencias parece circunscribirse a tres categorías principales: el primer grupo abarca experiencias relacionadas estrechamente con la historia de la vida del individuo, y es conocido como la categoría biográfica. La segunda categoría está relacionada con el trauma del nacimiento biológico y otorga a este grupo el nombre de perinatal. La tercera categoría está más allá de los límites de la experiencia humana ordinaria y se relaciona muy de cerca con el inconsciente colectivo jungiano; se les llama experiencias transpersonales porque implican imágenes y motivos que parecen tener su fuente al margen de la historia personal del sujeto en cuestión. Los aspectos biográficos de las emergencias espirituales implican revivir y sanar acontecimientos traumáticos de la vida del sujeto que se trate y el afloramiento de recuerdos y vivencias importantes de la infancia pueden jugar a veces un papel importante en las crisis de transformación.

El siguiente nivel de experiencias en las emergencias espirituales es el perinatal (del griego peri, que significa alrededor o cerca de y del latín natalis, que significa concerniente al nacimiento). Este aspecto de emergencia espiritual se centra en los temas de morir y renacer y se desarrolla según un modelo que comporta una estrecha relación con el nacimiento biológico. Revivir el recuerdo del nacimiento desemboca con frecuencia en la preocupación por la muerte y en imágenes relacionadas con ésta, que reflejan al mismo tiempo que el nacimiento es un acontecimiento difícil y amenazante para la vida, y que en sí mismo supone la muerte del periodo prenatal de la existencia para renacer al mundo postnatal. Las personas que reviven el trauma del nacimiento sienten que sus vidas están siendo biológicamente amenazadas. Los miedos de volverse loco, de perder el control, e incluso de muerte inminente, pueden hacerse tan intensos en ese estado que se asemejan a los estados psicóticos.

Estos episodios tienen frecuentemente reminiscencias espirituales que se viven como intensas aperturas místicas y una nueva conexión con lo divino. En muchas ocasiones se mezclan con motivos psicológicos del inconsciente colectivo, que Jung describió como arquetipos y que mencionamos ya en el apartado anterior.

Por último el contenido de las experiencias transpersonales, afirman los autores, tienen un claro componente espiritual. La palabra transpersonal se refiere al hecho de que trascender las fronteras ordinarias de la personalidad e incluyen muchas experiencias que se han llamado espirituales, místicas, religiosas, ocultas o mágicas.

Los autores engloban todas las experiencias restantes en este tercer nivel transpersonal aunque, desde mi punto de vista existe un cuarto y un quinto nivel de trascendencia, que engloba los anteriores y que se multiplican hasta el infinito por la infinidad del ser. Desde mi percepción, existen tantos niveles de realidad que es difícil hacer un esquema de todos ellos, porque sería siempre reduccionista y no conseguiría abarcar la totalidad en el presente contínuo. Las aportaciones de los distintos autores me llevan a hacia la totalidad del ser integrado. El mapeo es necesario en camino de crecimiento personal ya que proporciona conocimiento, conciencia y seguridad en las fases de crecimiento, el por qué existen y el cómo seguir avanzando, que es lo más importante, y la meta en el camino dependen de las expectativas del sujeto. Por tanto, me dirigen hacia la holografía de la existencia.

De esta manera, todo el desglose conlleva conciencia y es necesario conocer para trascender y también para decidir. El reconocimiento de las partes de la psique, desde cualquier perspectiva, implica conocer la respuesta conductual, emocional y mental y existen tantas teorías exactamente porque existen millones de seres humanos y no existe solo un camino, sino existen tantos como seres sintientes y la idea de holografía que más adelante detallaré puede ayudarnos a conocer los distintos caminos de crecimiento. Las manifestaciones de las crisis evolutivas son eminentemente individuales, y ninguna emergencia espiritual es igual a otra. Dentro de la psique humana individual no existen fronteras definidas; todo su contenido forma un espacio continuo indivisible.

Además, el inconsciente freudiano personal no está separado claramente del inconsciente jungiano. Por ello, no cabe esperar que las diversas clases de emergencia espiritual puedan ser claramente diagnosticadas y encasilladas y distinguirse fácilmente unas de otras.

Roberto Assagioli, también analiza las crisis que se producen en el despertar espiritual, o por el despertar espiritual. Él menciona el alma que trasciende al inconsciente personal. Así explica que cuando se produce el inicio entre la personalidad y el alma aparecen oleadas de luz, de alegría y de energía que frecuentemente producen una admirable liberación. Pero también afirma que el despertar no siempre se desarrolla de forma tan sencilla y armónica, sino que puede a su vez ser causa de complicaciones, trastornos y desequilibrios. Esto sucede, afirma el autor, en el caso de aquellas personas, cuya mente no es suficientemente firme, o cuyas emociones son exuberantes e incontrolables, o bien poseen un sistema nervioso excesivamente sensible y delicado, o incluso cuando el flujo de energía espiritual es tan súbito y violento que resulta traumático.

Como hemos dicho, el despertar espiritual armónico suscita pensamientos de gozo y produce iluminación, resulta parecer un estado de “gracia” y el sujeto se convierte en una persona alegre y desbordando simpatía, nos sonríe a nosotros y al mundo entero, deseosa de hacer el bien, de proporcionar placer, de ser útil y de poder compartir con los demás las nuevas riquezas espirituales. Este estado de gozo puede durar más o menos tiempo y es necesario para sobrellevar el resurgimiento posterior de la personalidad ordinaria recordando el pensar de Aurobindo. Pero este reflujo puede provocar reacciones violentas y serios trastornos ya que las tendencias inferiores se despiertan reafirmadas con más fuerza. Si en ese momento, o antes podemos tomar conciencia de la situación y ampliarla hasta obtener o tocar la antigua experiencia de placer e iluminación, resulta más fácil sobrellevar. Las terapias regresivas o hipnosis pueden ayudar enormemente a la persona en esta situación.

Es por este motivo por el que establezco dos ejes en el proceso de crecimiento, haciendo referencia a la cruz que representa el self de Jung y será la conciencia de los dos ejes y el mantenimiento en el punto central de la intersección, el equilibrio y correspondería con Tiferet del árbol de la vida Cabalista. A partir de ahí hará que seguir creciendo o subiendo por la escalera de Jacob o escalera de Jacob multidimensional equiparado al árbol de la vida Cabalista.

Clases de emergencias espirituales.

Se pueden diferenciar varios tipos de emergencia espiritual.

  1. La crisis chamánica:

    Está relacionada con aspectos muy básicos y primordiales de la psique humana. La carrera de muchos chamanes comienza en diversas culturas con un episodio espectacular y visionario involuntario, que los antropólogos denominan enfermedad chamánica. Cuando estos episodios se completan con éxito, pueden ser profundamente curativos. Como consecuencia de de esta crisis espiritual, con frecuencia aumenta espectacularmente, no sólo la salud emocional del futuro chamán sino también su salud física.
    Se han visto casos en los que americanos, europeos, australianos y asiáticos actuales han experimentado episodios que tenían gran similitud con las crisis chamánicas. Además de experiencias de muerte y renacimiento, estos estados contienen también experiencias de conexión con animales, plantas y las fuerzas de la naturaleza. Pueden estar tocando experiencias del inconsciente colectivo.

  2. El despertar de Kundalini:

    La kundalini activada se eleva a través de los canales de sutiles de la espina y provoca kriyas. Incluyen sensaciones de calor, con sacudidas del cuerpo y pueden aflorar olas de emociones intensas. Es necesario un ascenso controlado de kundalini para que sea armónico, Se han observado signos inconfundibles de este proceso en miles de occidentales. El psiquiatra Lee Sannella recopiló cerca de mil de estos casos.

  3. Experiencias de Conciencia de Unidad. (Experiencias cumbre):

    Se presentan aquí, la disolución de las fronteras personales y se tiene la sensación de convertirse en uno con los demás. Parece que trascienden las categorías habituales de tiempo y espacio, y se puede alcanzar un sentimiento de plenitud y de eternidad. Maslow, que estudió estas experiencias en diversas personas las denominó experiencias cumbre. Al escribir sobre ellas, expresó su severa crítica hacia la psiquiatría occidental por su tendencia a confundir dichos estados con enfermedad mental. Si no se interfieren en ellos ni se desanima a las personas que los experimentan, conducen típicamente a un mejor funcionamiento en el mundo y a la “autorrealización”, la capacidad de expresar plenamente el propio potencial.

  4. Renovación psicológica mediante el retorno al centro:

    Este tipo de crisis transpersonales han sido descritas por el psiquiatra y analista jungiano John Weirr Perry, que las llamó “proceso de renovación”. Este proceso le hace moverse a uno moverse hacia lo que la psicología jungiana llama “individuación”, la expresión más plena del potencial más profundo de uno mismo. El resultado positivo de estos episodios y sus ricas conexiones con símbolos arquetípicos de la historia antigua, hace que sea muy improbable que el proceso de renovación sea un producto caótico o una disfunción del cerebro.
    Sin embargo, desde mi perspectiva, es necesario ser muy cauteloso con este proceso para evitar caer en el papel de salvador del mundo, o nuevo mesías o perder la visión conciente de que se trata únicamente de una forma de crecimiento y que los símbolos muchas veces son mejor interpretados en función de las emociones que nos hacen sentir y que no tienen tanta relevancia. Los procesos de crecimiento son solo eso. Es bueno discernir entre locura y crecimiento espiritual y saber que siempre que estamos atravesando una fase de crecimiento, saldremos renovados si ponemos conciencia y eliminamos autoimportancia (tanto en positivo como en negativo). He percibido que se tiende a la exaltación de estas experiencia para seguir reforzando el ego, y de forma contraproducente se produce de forma automática un estancamiento en el aprendizaje, bien porque creemos que hemos llegado a la meta, bien porque produce una especie de “adicción” a las crisis transpersonales que hacen que nos sintamos especiales y sin embargo, continúan repitiendo experiencias que ya no son necesarias.
    Las experiencias transpersonales deberían constituir una muerte para renacer diferente en distintos aspectos. No siempre lo curan todo y la psique humana tiende a identificarse para darse valor. La autoimportancia es uno de los enemigos del crecimiento, y la importancia a la autoimportancia también, pero si ocurre eso, tampoco tiene importancia.

  5. Experiencias de vidas pasadas.

    Entre los episodios transpersonales más espectaculares y pintorescos que suceden en los estados no ordinarios de conciencia, se encuentran las experiencias de escenas que tienen lugar en otros períodos históricos y en otros países. Normalmente están asociados con intensas emociones y sensaciones físicas y suelen describir con todo detalle a las personas, así como las circunstancias y el escenario histórico en que se desarrollan dichas escenas. Su aspecto más extraordinario es el sentimiento de autoconvicción de recordar y revivir algo que ya se ha vivido previamente.

  6. La Noche Oscura del Alma.

…sombra de muerte y gemidos de muerte y dolores de infierno siente el alma muy a lo vivo, que consiste [en] sentirse sin Dios…y todo se siente aquí, y más que le parece que ya es para siempre…viéndose puesta en los males contrarios…miserias de imperfecciones, sequedad y vacíos…y desamparo del espíritu en tiniebla. San Juan de la Cruz, La Noche oscura.

Aunque existen muchas excepciones, la mayoría de las personas han de ahondar en las áreas oscuras y pasar por ellas antes de alcanzar un estado de paz y libertad. Para los que emprenden este camino, las sensaciones positivas a veces parecen más significativas y excelsas cuando se contrastan con las experiencias difíciles por las que han pasado previamente.

Para quien está inmerso en una experiencia espiritual, más o menos espectacularmente, la tarea de pasar el día, de funcionar del modo acostumbrado, puede convertirse en un reto. En ocasiones las crisis inundan a quienes la padecen con unas experiencias internas tan preñadas de emoción, fuerza visual y poder energético, que tienen dificultades a la hora de separar el intenso mundo interno de los sucesos del mundo externo. También pueden sentirse frustrados al descubrir sus dificultades para mantener la atención. O bien sucede que los rápidos y frecuentes cambios en su estado mental les produzcan pánico. Incapaces de funcionar del modo acostumbrado, pueden sentirse impotentes, ineficaces y culpables. Entre los componentes problemáticos y alarmantes con los que se enfrentan normalmente aquellos individuos inmersos en una emergencia espiritual están las sensaciones de miedo, una sensación de soledad, creer que se están volviendo locos y preocupación por la muerte.

  • Afrontar el miedo.
    El elemento del miedo es una pieza natural en el mosaico del cambio. Siempre hay alguna forma de miedo acompañando una emergencia espiritual. Se vienen abajo los sistema de creencia habituales y uno se ve desbordado emocionalmente. En ocasiones el individuo en crisis puede afrontar distintos miedos con relativa facilidad, y en otras, los miedos parecen crecer hasta llegar a un pánico incontrolable. El miedo a lo desconocido puede aumentar considerablemente en durante una emergencia espiritual. Se ven inmersos constantemente en ámbitos internos desconocidos, nuevas introspecciones y posibilidades ignotas. Otro de los miedos habituales es el de perder el control. Enfrentados al temor de perder el control, la mente y el ego se tornan muy ingeniosos en sus esfuerzos por mantenerlo.
  • Sensaciones de soledad. 
    Mirabai, un poeta hindú del siglo XV, escribió:

Mis ojos están llenos de lágrimas.
¿Qué debo hacer? ¿A dónde ir?
¿Quién puede aliviar mis penas?
Mi cuerpo ha sido mordido
Por la serpiente de la ausencia,
Y mi vida está menguando
A cada latido de mi corazón.

La soledad es otro componente intrínseco de la emergencia espiritual.

Alguno de los sentimientos de aislamiento interno tienen relación con el hecho de que la gente inmersa en una experiencia transpersonal tiene que experimentar estados desacostumbrados de conciencia que nunca han oído hablar antes y que son distintos de las experiencias cotidianas de sus amigos y familia. Mientras esto sucede, uno puede verse acompañado de una sensación de separación de uno mismo, de los demás y del mundo que le circunda. Para quienes se encuentran en ese estado, incluso el calor familiar humano y la confianza están fuera de su alcance.

  • Experimentar la locura.
    En una emergencia espiritual, la mente lógica se ve superada y el intenso y rico mundo de la intuición, la inspiración y la imaginación toma el mando. La razón se vuelve restrictiva y la introspección auténtica a uno más allá del intelecto. Cuando esto sucede el pensamiento lineal a veces es imposible y la persona se siente mentalmente agitada, mientras la mente consciente se ve bombardeada con material del inconsciente desbloqueado.Puede ser un trance amenazador en el desarrollo espiritual. Sin embargo, si un individuo está realmente inmerso en el proceso de despertar es algo provisional y puede ser una fase muy importante de transformación.
  • Afrontando la muerte simbólica.
    La confrontación con el tema de la muerte es una parte esencial del proceso de transformación y un componente integral de la mayoría de las emergencias espirituales. En muchas tradiciones, el morir antes de nacer es esencial para el progreso espiritual. Entender el hecho de la muerte como parte de la vida se considera completamente liberador, algo que nos libera del miedo a la muerte y nos abre a la experiencia de la inmortalidad. Como dice el monje cristiano del siglo XVII, Abraham a Santa Clara: “Un hombre que muere antes de morir no muere cuando muere”.

Estas líneas de Phoenix de D. H. Lawrence, reflejan ese proceso devastador pero a la vez transformador:

¿Estás dispuesto a ser borrado, eliminado, aniquilado, convertido
en nada? ¿Estás dispuesto a convertirte en nada? ¿A hundirte en
el olvido? Si no así nunca cambiarás realmente.

Dentro de éste apartado querría incluir una reflexión sobre el mito del ave Fénix, que resurge de sus cenizas. Es la muerte simbólica de distintos patrones aprendidos que provocan un resurgir personal con un cambio profundo de los paradigmas convencionales anteriores.

El fénix de la mitología clásica fue un ave de plumaje de bellos colores que vivía en el desierto de Arabia. Cada tantos siglos, se untaba las alas con mirra, ardía en llamas y renacía de las cenizas. En muchas culturas, el fénix simbolizó la resurrección y la vida después de la muerte. Los egipcios, por ejemplo, consideraron esta fabulosa ave como el símbolo de Ra, dios del sol, ya que por su tamaño y su forma semejaba un águila. Para los romanos fue símbolo de la duración del imperio. En China lo asociaban con el sol y la luna y sintetiza la unión del ying y el yang; cuando lo sitúan junto al dragón y representa la naturaleza indivisible del poder imperial. La forma mágica del fénix en el arte chino, simboliza los elementos del universo: su cabeza de gallo representa el sol, su lomo de golondrina la luna creciente, su cola, los árboles y las flores, sus patas la tierra y sus alas ígneas el viento. Así mismo, para los cristianos el fénix representaba la fe. Este ave que resurgía de las llamas representa el triunfo de los creyentes sobre la muerte. Según esta tradición, de todos los seres que moraban en el jardín del Edén, el fénix es el único que no probó del fruto prohibido, es decir, que no congeló la partícula. Se le identificó como Cristo amenazado por fuegos de la pasión y resucitado por la gracia de Dios.

El morir simbólicamente nos permite tener cada vez más conciencia de la muerte real. Muerte implica desapego, permitir al organismo continuar creciendo sin los lastres de comportamientos, emociones y pensamientos anteriores, guiándose por una inteligencia superior completamente independiente del medio que responde a una fuerte voluntad para crecer. Esta voluntad hacia aspiraciones cada vez más elevadas de comportamiento, implica también un intento constante de modificar la conciencia para abarcar una comprensión profunda cada vez más independiente, cada vez menos restrictiva, cada más ampliada de las realidades creadas y compartidas y de las no tan compartidas. Implica una voluntad hacia dentro y hacia fuera, porque no existe una cosa sin la otra y son a la vez, una percepción interna del maestro que no puede hacer otra cosa más que continuar creciendo para amar, gozar y sentir y compartir felicidad para entregarse al todo y a todos que son él mismo.

Resulta, como mencionaba Dispenza, en ocasiones, bastante doloroso el deshacerse de todos los patrones aprendidos y de todo lo que conocemos, lo que creemos importante, porque, entre otros factores, el miedo a lo novedoso o desconocido, nos traslada de nuevo a lo conocido por comodidad. Sin embargo, merece la pena arriesgarse a vivir y a Ser, independientemente del entorno, siempre cuidando el corazón que nos impulsará hacia la plena integración de las partes en el todo como lo es la partícula sin materia. Los seres humanos morimos muchas veces durante la vida. Esta muerte nos permite cambiar la realidad, nuestra realidad interna y la forma de percibir la externa, cambiamos de trabajo, viajamos a lugares distintos, nuestra casa es nuestro cuerpo y la vida es un punto en el universo. Resulta de la ampliación de conciencia. Resulta de la Fe, la Esperanza, y el Amor.

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